lunes, 20 de agosto de 2012

A MI RITMO POR LAS CALLES DE A CORUÑA


Siempre me gustó recorrer las ciudades cuando aún están medio dormidas. El ritmo de su despertar me aporta sensaciones que, a veces, son difíciles de describir; pero que siempre son positivas. Este domingo, A Coruña apuraba los últimos flecos de las fiestas “María Pita 2012”. Desde la Avenida San Andrés, donde se ubica el modesto hotel donde me he hospedado, decido comenzar a caminar. Pese a que son las 9 de la mañana, las calles están casi vacías. Pienso: puede que la gente esté  agotada de tantos días de ajetreo.

Tomo rumbo a la Plaza de Pontevedra y desde allí hacia la Avenida Marina. Algunas personas pasean a sus perros o compran la prensa, otras cuantas, madrugadoras como yo, toman un café saboreando los tímidos rayos matinales del sol. ¡Qué bonita y distinta se ve la ciudad en estas circunstancias!

Cruzo la Avenida Marina para acceder a los Jardines Méndez Nuñez y me encuentro con una exposición titulada “O país das vacas” realizada por Xurgo Lobato. Son varios cubos gigantes en los que, a través de fotos y textos de personas significativas, se va describiendo la importancia social y económica que tiene la vaca para Galicia. Y me digo: para Asturias también…

Uno de los cubos tiene fotos de la Feria de Silleira y me invaden recuerdos gratos asociados con gente inmejorable: Servanda, Lalo, Ibo, Alberto, Tomi, Eduardo, Azucena…Recapacito y me digo, pese a todo, que afortunada soy. El camino de mi vida, al igual que el de otras muchas personas, está repleto de encuentros y desencuentros, de momentos gratos e ingratos. Me invade una melancolía sana. Nada, por duro que sea, podrá eclipsar nunca determinadas emociones que siento al recordar.

La ciudad da sus primeros bostezos. Sigo oteando los cubos y me encuentro con una grata sorpresa de un restaurador, Flavio Morganti del Restaurante Galileo, que elogia a la vaca y practica activamente políticas de igualdad. Escribe Flavio que la vaca es “xer xeneroso, piar fundamental da dieta atlántica e do norte”. Y que “da sua base nacieron as cocinas mais importantes do mundo”. Pero desgraciadamente añade: “a suas carnes, superiores en calidade a do castrado boi, veñen maiormente vendidas baixo un falso nome, claro senal dunha sociedade machista e irreverente que asocia o nome da vaca a algo negativo, quedando equivocadamente como estándar taurino de calidades de toros e bois”.

Sonrío y pienso en María José Ramos y en Les Comadres. Seguro que les gustaría el texto. ¿Y si les propongo que, a través de Facebook, recomienden este restaurante? Este Falvio Morganti, al menos por escrito, denota sensibilidad con el tema de la “invisibilidad femenina”.

A escasos metros, también en Jardines Méndez Nuñez, tropiezo con la XXI Feria do Libro de Ocasión y un poco más allá el recinto donde todos los años se celebra el Encuentro de Casas Regionales. El es día de Cantabria. Asturias ha sido más precoz. Celebró su día el 4 de agosto, coincidiendo casi con el inicio del programa de fiestas “María Pita 2012”. No puedo evitarlo y busco el stand de mi tierra, mi bandera y  mi gente. Tomo un culete de sidra y, de nuevo, recuerdo personas y momentos gratos: Eugenia, Ana, Valentín, Loreto….

Pienso: es hora de tomar un café. Enfilo la calle Real, tuerzo en la rua Bailén y finalmente deslizo mis pasos por la rua franja para desembocar en la plaza del Ayuntamiento. Tomo asiento en una cafetería desde donde contemplarla fachada de un Ayuntamiento que siempre me gusto y en la que reza la leyenda “Casas Consistoriales de la muy noble y leal ciudad de La Coruña. Cabeza, guarda y llave, fuerza y  antemvral del reino de Galicia”.

La plaza, en obras, se va poblando, poco a poco. El grupo musical “Mamá Cabra” atrae la atención de la gente. Niños y niñas se acercan al escenario mostrando sonrisas radiantes y dejando que sus pies vibren  al ritmo de la música. La ciudad está ya totalmente viva y yo relajada por haber compartido, a mi ritmo, la peculiar forma en la que iban despertando sus calles.

jueves, 2 de agosto de 2012

VERANO DE CRISIS


El sol, de momento, sale todos los días, pero no calienta con la misma intensidad para todas las personas. Conclusión: estamos ante un verano atípico que cada cual organiza teniendo en cuenta la situación que le toca vivir. La crisis económica ha obligado a rediseñar planes y a buscar estrategias para intentar, pese a todo, ser un poco más feliz aprovechando lo poco que aún es gratis en nuestro país: el sol y la playa.

De Gijón a Ferrol, en un vagón de FEVE, se van sucediendo en mi mente recuerdos y vivencias asociadas a las estaciones y los apeaderos que voy dejando atrás.  Jorge Manríquez en las coplas a la muerte de su padre utilizaba la metáfora del cauce del río para describir la trayectoria de la vida humana. En el momento actual, a mí esa trayectoria se me antoja como un tren sin itinerario, ni estación definida a la que arribar, que va cargado de gente a la  que no le importaría que descarrilara.  Y es que de tanto utilizar puntos suspensivos se empieza a añorar la aparición de algún punto y aparte que dé sentido a nuestro presente y aporte un poco de esperanza a nuestro futuro.

El tren discurre por territorio asturiano y hace sus primeras pausas en distintos apeaderos: Veriña, Aboño, Xivares, Perlora, Candás, Regueral, Zanzarborní, Gudín… Es precisamente en este último, mientras contemplo por la ventanilla las instalaciones de Arcelor Mittall, donde me atrapan recuerdos asociados a mi infancia. En las playas de Gijón y Perlora, no sabría decir en cuál de ellas primero, tomé contacto por primera vez con la arena y el agua salada del mar. Tendría 7 u 8 años, luego nos situamos en finales de la década de los años 60. Era la época de la mesa, la sombrilla, las sillas de camping, la tortilla y los filetes empanados. Para mí siempre una fiesta y motivo de alegría.

Saltando al ritmo de las olas, haciendo castillos de arena, en definitiva gracias al lenguaje universal de los juegos infantiles hice mi primera amiga francesa. Hablábamos distinto, pero reíamos con la misma intensidad. Fue una amistad fugaz, lo que dura un verano, pero se quedó en el inventario de los recuerdos felices que nunca olvidas. Pienso en ella. ¿Seguirá viviendo en París? ¿Habrá votado a Holland? Yo no he votado a Rajoy, pero soy una víctima más de sus políticas.

Mis primeras jornadas infantiles de playa solían jalonarse con el ritual de cenar unas sardinas en Candás o en Gijón antes de regresar a la cuenca minera. Y es que eran tiempos difíciles, pero de conquistas. Gijón y Avilés eran más grises y sucias que ahora, pero había trabajo. La gente, año tras año, iba progresando y adquiriendo más bienestar social. Como diría la suegra de Azucena eran pasos pequeños, pero siempre hacia delante y para mejor. Hoy las ciudades son más ecológicas y medioambientales, pero la gente camina con  la tristeza que produce la resignación de aceptar que caminamos hacia atrás, siempre hacia un poco peor.

El tren arrancó a las 7.30 horas.  Son ya las 11.30 y acabo de sobrepasar Ribadeo. Me adentro en territorio gallego y de nuevo reaparece mi infancia. Ferrol, hacia donde me dirijo, y Betanzos son dos localidades de ese pequeño universo infantil que nunca has olvidado. Y lo son por anécdotas relacionadas con dos animales muy distintos: un perro y un besugo.

En Betanzos, siempre jugando con un montón de niños y niñas, me acerqué más de lo debido a un perro que estaba reglamentariamente atado y las consecuencias fueron bastante trágicas. Hubo que salir corriendo hacia el ambulatorio más cercano, me inyectaron la vacuna antitetánica y tuve que traer el brazo vendado el resto de las vacaciones.

Habíamos viajado a Galicia en aquel  SEAT-850 color verde botella, acompañados lógicamente de la sombrilla, la mesa, las sillas y una cocina de camping gas en la que mi abuela improvisaba suculentas comidas de verano en cualquier playa. Una tarde decidimos visitar el puerto de Ferrol para ver cómo entraban los barcos con el pescado. De regreso hacia el coche nos encontramos con un enorme besugo en el suelo que algún pescador había perdido por el camino. Ante la imposibilidad de devolverlo a su propietario y una vez comprobada la frescura del ejemplar, mi abuela improvisó una sabrosa cena con sabor a mar.

Eran tiempos de mirada infantil. Hoy son tiempos de mirada adulta y el destino me ha unido de nuevo a esta localidad gallega. Cuando vengo me alejo de los perros que no conozco y  no como besugo, me limito al caldo gallego, empanada, raxo, navajas, berberechos, mejillones o un simple bocadillo casero en la playa de Valdoviño. Los  lugareños dicen que siempre fue la de los pobres porque los más pudientes preferían otras del amplio litoral gallego. Y cuando les escucho suelo decirme: ahora entiendo porqué me gusta esta playa aunque el agua esté condenadamente fría….

Y, por el momento, aquí finaliza mi prosa de hoy que trata de ser intimista y transmitir el sabor agridulce del verano y la crisis. 

jueves, 12 de julio de 2012

MI QUERIDA ESPAÑA


Últimamente los acontecimientos negativos se desencadenan tan vertiginosamente en nuestro país que el ambiente comienza a ser irrespirable. El miércoles regresaba de Madrid con sentimientos contradictorios: henchida de orgullo por la gran respuesta de apoyo al conflicto de la minería; preocupada y triste ante las nuevas medidas económicas anunciadas por Mariano Rajoy. Y hoy con la expresión de la “diputadilla” Andrea Fabra ­-difundida ampliamente en las redes sociales y que no voy a reproducir por aquello de hacer de un poco más de educación que ella- he sentido cabreo e indignación.

Con este coctel de sentimientos me enfrento a esta pantalla en blanco a la vez que escucho una canción de Cecilia que se me antoja muy acorde para la ocasión: “Mi querida España. Esta España mía, esta España nuestra. De tu santa siesta ahora te despiertan versos de poetas. ¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza?”. Muchas personas tarareamos esta canción en los años de la transición democrática de este país con alegría e ilusión. Hoy la transición es económica y yo la tarareo con tristeza, intentando encontrar respuestas a los interrogantes de la estrofa.

Pienso en la Plaza de Colón, en el Paseo de la Castellana, y me respondo: los ojos, las manos y la cabeza de la sociedad minera de Asturias, Castilla y León, y Aragón estuvieron allí. Pero desgraciadamente tenemos un Gobierno que en solo unos meses se ha quedado sordo y ciego. Sólo eso explica que,  en vez de tender puentes para solucionar el conflicto de la minería, dedicaran  la jornada a anunciar nuevas y aterradoras medidas de ajuste que, para no variar, castigan a los más débiles.

Y me duele que lo hagan desde la inmunidad de una mayoría absoluta que nunca antes en democracia había sido tan mal utilizada. Estamos ante una mayoría parlamentaria que solo piensa y toma medidas positivas para una minoría, la minoría con la que ellos se identifican y a la que incluso hasta pertenecen.

Se consigue dinero para rescatar a la banca, pero no hay calderilla para garantizar hasta el 2018 los puestos de trabajo de la minería. Aprueban amnistía fiscal pensando en amigos y conocidos porque para recaudar lo mejor es subir  el IVA, reducir las prestaciones del desempleo, eliminar la paga extraordinaria de los funcionarios…

Nunca en tan poco tiempo un Gobierno dilapidó tan rápido la confianza de muchas personas que ingenuamente depositaron su confianza en el Partido Popular. Digo ingenuamente porque en los últimos meses estoy cansada de sorprenderme con gente que, desesperada con todo lo que está ocurriendo, se lamenta públicamente de haberles votado.  Aunque pueda tratar de comprenderles y, desde luego, tengan todo mi respeto democrático, ello no me sirve de consuelo porque vaticino que aún nos quedan tres años de horribles pesadillas.

Concluyo exigiendo a la di-pu-ta-di-lla (lo separo en sílabas para que quede clara la consideración que me merece) Andrea Fabra que renuncie a su escaño en el Congreso: Con su falta de respeto y su mala educación  ha dejado muy clarito que para ella las penurias de la población española es una cuestión totalmente anecdótica y secundaria.

lunes, 9 de julio de 2012

SÍ, VEREMOS A LA SOCIEDAD MINERA CAMINAR LAS CALLES DE MADRID


Leo estupefacta la información que ha compartido en Facebook Juan Carlos Puente Pinto  sobre el despliegue policial que el Ministerio de Interior tiene previsto en Madrid para los días 10 y 11, coincidiendo con la llegada de la Marcha Negra y la posterior manifestación delante del Ministerio de Industria. Parece ser que, al margen de la plantilla que ya tiene destino en Madrid, movilizará otros 7.000 efectivos y que ponen a disposición 2.000 soldados para que actúen en caso de emergencia.

Son datos llamativos y sorprendentes que rezuman, como mínimo, un fuerte olor a intimidación. Profundizando aún más, me atrevería a decir que tanto despliegue de medios policiales me recuerda la represión de viejos tiempos. En definitiva, una planificación muy acorde con los pasos hacia atrás que en materia de bienestar social está recorriendo España.

Con el permiso de Victor Manuel, desde aquí, modifico el estribillo de aquella canción de la transición que dedicó a “La Pasionaria” para decirle al Ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, y al mismísimo Presidente del Gobierno Mariano Rajoy: “Sí, veremos a la sociedad minera caminar las calles de Madrid”. España entera sentirá la fuerza de nuestro espíritu peleón y nuestra capacidad de adherirnos a las reivindicaciones que consideramos justas.

Son muchos los ojos puestos en esta movilización. La población nacional e internacional observa con admiración el espíritu de lucha de la minería y sé que no les defraudaremos. Asturias entera estará el día 10 secundando la entrada de la Marcha Negra en la capital de España y el 11 la concentración en el Paseo de la Castellana. Muchos y muchas de presencia física, todos y todas con el corazón. 

sábado, 7 de julio de 2012

LAS ABUELAS DE LA PLAZA DE MAYO


Por fin los tribunales argentinos han hecho justicia condenando al exdictador Jorge Rafael Videla a 50 años de cárcel por el robo sistemático de bebés durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Esta sentencia tiene para mí un especial significado porque es la consecuencia del empuje y del coraje de un gran colectivo de mujeres: las Abuelas de la Plaza de Mayo.

Tenía yo solo trece años cuando esas mujeres con pañuelo blanco captaron la atención de mi retina y también de mi corazón. Treinta y cinco años más tarde tuve el privilegio de conocer en persona a Estela Barnes de Carlotto, presidenta la Asociación Abuelas de la plaza de Mayo. Fue  con motivo de la presentación de un libro que recoge el trabajo realizado por la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) financiado por el Gobierno del Principado de Asturias a través de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo. Viéndola y escuchándola se reafirmaron aún más los sentimientos de respeto y admiración que proceso hacia este colectivo.

Escucharla hablar de su hija Laura, secuestrada en 1977 y mantenida con vida en el centro clandestino de detención La Chaca en la ciudad de La Plata hasta que dio a luz, y del nieto al que sigue buscando incesantemente sin derramar una lágrima me llevó a la conclusión de que el sufrimiento puede hacer fuertes a las personas.

Cuando Estela rememora su incorporación al movimiento “Abuelas de Mayo” repite “éramos un grupo de mujeres llenas de dolor, sin saber que hacer, con miedo”. Las lágrimas de Estela y del resto de las Abuelas de Mayo fueron cristalizando. Y metafóricamente esa materia acuosa se transformó en cuarzo, cristal de gran dureza cuya estructura interna muestra un estado de perfección y equilibrio y que la medicina alternativa utiliza en la lucha contra el dolor y los padecimientos. Eso es lo que han hecho ellas desde la unidad y la solidaridad.

Según datos estimativos  de distintas organizaciones humanitarias, 105 niños robados durante la dictadura argentina han recuperado su identidad. Eso nunca hubiera sido posible sin las Abuelas de la Plaza de Mayo, sin la constancia y la energía que invirtieron en reipuestvindicar, en hacer oír su voz, en desarrollar estrategias para conseguir sus objetivos.

Muy a su pesar aún quedan más de 400 denuncias pendientes y unas 300 familias han depositado datos en bancos de ADN con la esperanza de recuperar a sus hijos y nietos robados. La sentencia contra el exdictador Jorge Rafael Videla es un estímulo en el sendero de la  infatigable búsqueda de la verdad que, desde 1977, vienen recorriendo este gran  colectivo de mujeres.

Existen paralelismos curiosos. Mientras en España, tras la muerte de nuestro dictador en cama, dábamos nuestros primeros y  tímidos pasos hacia la democracia; en Argentina estas aguerridas mujeres unían sus fuerzas contra uno de los aspectos más amargo y oscuro de la dictadura argentina: el robo sistemático de bebés.

Cuarenta años más tarde, es la población española la que descubre una página de su historia que tiene cierto grado de similitud con lo acaecido en Argentina. Así se habla ya de que entre los años 1960 y 1990 se produjeron en España cerca de dos millones de adopciones nacionales y una gran parte mediando un pago. Se estima que un 15% de esas adopciones pueden tener su origen en el robo del recién nacido a su madre, mediante engaño, en clínicas y hospitales de todo el país, para posteriormente ser vendidos a sus padres adoptivos.

Lo que sí está claro es que la perseverancia de las Abuelas de la Plaza de Mayo por encontrar la verdad, porque se hiciera justicia, marca un antes y un después. Su lucha se ha convertido en un referente y un modelo para el resto de la humanidad. Ahora toca apoyar a las distintas asociaciones españolas que luchan por recuperar a sus bebés para que aquí también se haga justicia y no queden impunes acciones tan aberrantes como las que supuestamente llevó a cabo Sor María.

jueves, 28 de junio de 2012

INSOMNIO


Tanta prima de riesgo, tantos ajustes en sanidad, el IVA que se nos avecina, el índice de paro… nos acaba produciendo, día sí y día no, insomnio. Es como estar participando en una carrera sin fin en la que se consume demasiada energía y en la que, a fuerza de no vislumbrar la meta, vamos perdiendo tono muscular.

Como consecuencia de la teoría y la práctica neoliberales, la solidaridad está hoy herida de muerte. Al amparo de la tan cacareada globalización y de las reglas de los mercados se va configurando una sociedad cada vez más dual. De un lado, los especuladores que sencillamente esperando el momento más oportuno continuarán enriqueciéndose a costa de las desgracias del conjunto de la humanidad; de otro, la creciente miseria de quienes no tienen herramientas para hacer frente a los ataques presentes y futuros de la crisis.

Y como consecuencia se ha instalado en el ambiente una dañina resignación. Por momentos, la sociedad parece entregarse libremente y ponerse en manos de la voluntad de los mercados. Proliferan expresiones del tipo: es inevitable, no hay más remedio que conformarse, hay que adaptarse a la nueva situación, nada volverá a ser como antes…

La conformidad, tolerancia y paciencia de la población ante todas las adversidades e incertidumbres que nos rodean se me antojan realmente preocupantes. Solo algunos acontecimientos aislados, como las movilizaciones mineras, me hacen albergar la esperanza de que la sociedad despierte de su letargo para reivindicar y reconquistar la equidad y justicia que hemos ido perdiendo por el camino.


El discurso neoliberal se ha hecho fuerte y las instituciones políticas (en algunos casos como  la de Merkel y Rajoy de forma totalmente voluntaria y por convencimiento ideológico) cada vez menos combativas contra la actuación corrosiva de especuladores y mercaderes. Ahora todo se permite y se justifica con una expresión muy corta: “existen problemas estructurales”.  Y con ese argumento se multiplican los despidos, se abaratan los sueldos, se amplía la jornada laboral sin ninguna contraprestación económica adicional, se reducen servicios públicos básicos como la sanidad y la educación  etc.

Recuerdo con nostalgia los tiempos en los que se debatía sobre la reducción de la jornada laboral como posible sistema para reducir el paro. Digo nostalgia porque era un planteamiento que me gustaba. Y sobre todo, demostraba que había una inquietud sincera por encontrar soluciones a un problema tan acuciante como es el reparto de un bien cada vez más escaso como es el trabajo.

Ya en 1997 especialistas como  Hans Peter Martin y Harald Schumann calculaban que de continuar la tendencia del momento se llegaría a un punto en el que el 20% de la fuerza laboral global bastaría para mantener en marcha la economía. El 80% restante se convertiría en una categoría que denominaban “económicamente redundante”. No sé si hemos llegados a esos porcentajes, pero a tenor de los datos del paro en España todo parece caminar en esa dirección.

La humanidad está hoy en una verdadera encrucijada. Como describe Zygmunt Bauman en su libro “En Busca de la política”, “el mundo contemporáneo es un recipiente colmado de miedo y frustración que buscan desesperadamente una vía de escape común”.

Y esa vía de escape solo puede venir atacando el verdadero “problema estructural” que tiene nuestra sociedad que, desde mi punto de vista, es una redistribución cada vez más injusta y desproporcionada de los bienes existentes.

Y como pese a todo, me resisto a sumirme totalmente en el pesimismo, concluyo compartiendo con las personas que desconozcan esta historia, la decisión adoptada por el Presidente de Uruguay, José Mújica,  al que ya apodan como el Presidente más pobre del mundo. Gana 12.500 dolares al mes, pero dona el 90% a fondos sociales. Su único patrimonio es un viejo Volkswagen y vive en una humilde chacra.

Cuando le preguntan responde: “Con ese dinero me alcanza, y me tiene que alcanzar porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos”. José Mújica sigue viviendo en su chacra a las afueras de Montevideo, en Rincón del Cerro, tal como prometió antes de convertirse en presidente y acompañado de su esposa, la senadora Lucía Topolansky, que también dona parte de su sueldo, y su perra Manuela, un animal sin raza de la que presumir.

Fiel a sus ideales, Mujica ha propuesto donar las jubilaciones presidenciales -las grandes sumas de dinero que cobran los ex presidentes constitucionales de su país- para fines sociales.

 ¿Os imagináis lo que podría suponer que este fuera el modelo a seguir por la mayoría de presidentes y presidentas del mundo? Sé que es una utopía, pero soñar, de momento, sigue siendo gratis. Buenos días. 



lunes, 25 de junio de 2012

LO QUE SE ESCONDE DETRÁS DEL SILENCIO


Esta tarde en la Plaza Mayor de Gijón, frente al Ayuntamiento, un minuto de silencio. Con nuestros labios sellados mostramos respeto la víctima, repulsa hacia la violencia de género  y una contundente condena hacia el agresor. Resulta curioso lo polisémico que puede llegar a ser el mismo gesto y las miles de interpretaciones que se pueden hacer al respecto.

Llevo días sin generar ninguna entrada en mi blog. Podría interpretarse mi silencio como que soy una bloguera vaga, pero no es así. Sencillamente necesitaba una pausa reflexiva en mi vida que me aportara nuevas fuentes de inspiración para escribir.

El mutismo colectivo de la Plaza Mayor de Gijón y una amiga entrañable que definió su actitud silenciosa como técnica cobarde ­-cuando yo sé que no lo es-­­ han sido las dos fuentes de inspiración para que ahora esté delante del teclado escudriñando sobre la polisemia del silencio.

El silencio puede ser una gran virtud, pero también un gran defecto sobre el que quiero reflexionar. Escribía Unamuno que, a veces, “el silencio es la peor mentira”. Y Mahatma Gandi que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”. 

Callar puede ser prudente, pero también contraproducente y generar un mal mayor. En ocasiones la persona silente no tiene conciencia de estar obrando mal. Un  padre  prescinde de hablar de su mujer fallecida porque considera que evita dolor a sus hijos. Sin embargo ese silencio se convierte, como decía Unamuno, en la peor mentira ya que se traduce en la ausencia de recuerdos que son necesarios para su desarrollo y equilibrio emocional.

Particularmente considero que en la era postmoderna que nos ha tocado vivir hay demasiados silencios. La gente calla, camina hacia delante como puede y tiende cada vez más a mirar hacia otro lado ante las injusticias que le rodean. Solo unos pocos “quijotes”, tipo a los mineros, se resisten, son capaces aún de organizarse y plantan cara al sistema.

¿Qué nos está pasando? La respuesta perfectamente explicada la encontré leyendo al sociólogo Zygmunt Bauman, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010. Para explicar el problema de nuestra sociedad contemporánea recurre al término Unsicherheit, palabra alemana en la que se fusionan tres españolas: incertidumbre, inseguridad y desprotección.

Argumenta Zygmunt Bauman que estos sentimientos que atenazan a la humanidad son un impedimento para instrumentalizar remedios colectivo; que las personas preocupadas y que temen por su futuro no son verdaderamente libres para enfrentar los riesgos que exigen una acción colectiva. Yo añado: se refugian en su particular silencio.

No se me ocurre mejor manera de cerrar esta pequeña reflexión que reproduciendo literalmente un párrafo que el mismo autor escribe en su libro En busca de la política:

No llegaremos muy lejos sin hacer que regresen del exilio ideas como el bien público, la sociedad buena, la equidad, la justicia, esas ideas que no tienen sentido ni no se las cultiva colectivamente.”

Y de cosecha propia: rompamos nuestro silencio individual para convertirlo en un grito colectivo.